Discurso "Reflexionemos Chiapas" pronunciado por el doctor Plácido Morales Vázquez en el Teatro de la Ciudad "Esperanza Iris" Chiapas Mexicano 2025.
12 de septiembre de 2025.
Un día como hoy de hace 201 años en la antigua Ciudad Real,
hoy San Cristóbal, concluyó el plebiscito iniciado el 23 de abril, con el
escrutinio de resultados en los 12 partidos en que se dividía Chiapas quienes
manifestaron mayoritariamente su voluntad soberana de ser mexicanos.
El 14 de septiembre de 1824 se publicó el bando solemne declarando que el Estado Libre y Soberano de Chiapas asumía el pacto federal con la República Mexicana.
Debemos recordar: la provincia de Chiapas fue parte del
Imperio Mexicano, al disolverse, quedamos indefinidos entre continuar con
México o regresar a la pertenencia colonial de la Capitanía General de
Guatemala. 2 años duró este proceso, héroes civiles de aquel tiempo sortearon
riesgos de invasión armada; pero la diplomacia y visión de futuro de algunos chiapanecos
quienes acercaron un acuerdo a Guatemala y México, en el que nosotros resolveríamos
nuestro destino.
Decidieron por un plebiscito en todo el territorio
chiapaneco, cuya convocatoria se publicó el 23 de abril y este inmenso esfuerzo
en aquel Chiapas de 1824, incomunicado por las barreras de la naturaleza, los
caminos de herradura, las diferentes lenguas y regiones dio resultado, el plebiscito
se hizo y nos dio acta de nacimiento, como mexicanos.
Nos faltaba la definición absoluta del territorio, el Soconusco
por disputas internas se mantuvo autónomo por 14 años, hasta 1842 en que se reintegró
a Chiapas.
La definición de límites entre México y Guatemala se inició
en 1862 y concluyó en 1885 cuando se ratificó por ambas naciones y así quedamos
separados de Centroamérica por el Usumacinta y el Suchiate.
Sobre el definido suelo chiapaneco se siguió conformando un
fragmentado mundo compuesto de regiones varias, separadas por fronteras
naturales que hicieron las sierras, montañas, los ríos y el mar, las lenguas y las
costumbres.
Muchas migraciones recibimos en diferentes épocas: chinas en
la costa; japonesa en Acacoyagua; afrodescendientes en los valles centrales y
de la frailesca; alemanes en el soconusco; ibéricos, árabes y libaneses en la
costa y en el centro; en todo lugar en donde floreció el comercio, y los doce
pueblos originales con sus lenguas distintas, todos hicieron esa diversidad
única, unificados por un principio: Chiapas.
Cómo entender a esta tierra prodigiosa, cuya vida se da en el
esplendor de la naturaleza y en ella la pobreza social, reflexionando en su
pasado como lo hacemos hoy, descifrando sus misterios, descubriendo sus
contradicciones y conflictos. La literatura chiapaneca nos enseña: Emilio
Rabasa en el villorrio de San Martín de la Piedra nos da un retrato de cómo
debieron ser todos nuestros pueblos fiesteros y pendencieros en sus disputas
políticas. El modo de ser del indígena y su idea de la comunidad, el poder, y
la justicia nos dejó Rosario Castellanos en Balún Canán y en Ciudad Real
trazados con la pluma del dolor que debió vivir en su andar por Tenejapa, los
parajes de Chamula, los caminos de Huixtán y de Chanal; En los cuentos de Laco
Zepeda cuyas leyendas pepenó en la palabra de los viejos por los caminos de
Jitotol, Solistahuacán y los hizo letra y revelación.
Comprenderemos Chiapas en la voz de nuestros poetas: Noquis y
su Canto cargado por la melancolía de la distancia por la tierra añorada;
Chanti Serrano y el Alfabeto; el poema perfecto de Jaime Sabines: “el mar se
mide por olas” revela el bravío mar del Pacífico que da el vigor que ostentan
los pueblos costeros; “el viento por alas” en él se representa el silbido de
las coníferas de Coapilla o de Teopisca; “nosotros en lágrimas”, esas lágrimas
profundas de los indígenas de San Andrés o de Chanal que lloran con el lamentar
del arpa y la guitarra la pérdida de un mundo que se fue hace siglos.
Hay otro Chiapas festivo y alegre: en las fiestas patronales
en San Sebastián de Chiapa, en el chinchineo de los parachicos que revive
frente a La Pilona -inmutable testigo- del mito que deambula por sus calles en
la leyenda de María Angulo; los “carrerantes” de la antigua San Bartolomé de
los Llanos; los gigantes de Suchiapa; el carnaval de Coita y sus infinitos
sones y danzas residuos soques entreverados con el mestizaje ibérico en el que
se fusionan moros, judíos y cristianos; la bajada de las copoyitas en Tuxtla;
los sones del tambor y el carrizo de las fiestas Zoques de Mezcalapa; las
alegres y dadivosas alegorías de Tata Chico en Tonalá.
En todos los pueblos se viven las fiestas del patrón del
barrio, plaza del reencuentro en el que flota el aroma del estreno, las
marimbas desafiando el aire y el trueno de la cuetería que alumbra el cielo con
sus luces multicolores, explosión de una fugaz alegría.
Chiapas es así: festivo, diverso, contradictorio,
impredecible y mágico. Quién hubiere imaginado que de su entraña emergería un
volcán, que de sus montañas se iba a desgajar un cerro capaz de represar al río
Grijalva; quién pudo suponer siquiera que en pleno neoliberalismo que nos
auguraba la modernidad, habríamos de amanecer en enero de 1994 con un
levantamiento armado abanderando causas de los indígenas y reclamos de todas
las minorías olvidadas.
Chiapas es increíble: su entraña guarda riquezas hoy
entregadas al desarrollo nacional, en el norte los yacimientos de petróleo
detonaron la explosión energética de ese tiempo; la fuerza de su río surtió de energía
hidroeléctrica hasta el altiplano nacional. En las cavernas de Simojovel
fosilizó el ámbar quemado por los fuegos de las edades milenarias; y en la
selva lacandona en sus ínfimos microsistemas continúa como sólo en otro lugar
de América el ciclo evolutivo de la vida.
Chiapas es sorprendente: de sus sedimentos compuestos de
infinidad de minerales, en la meseta comiteca dan a sus lagos los colores del
arcoíris, de la tinta, de la esmeralda, de la tierra y del resplandor del sol; en
la región Chol las rocas calizas que forman el lecho del río Tulijá da el
azul turquesa al río semejante al de los frescos de Bonampak.
Chiapas es rico: en sus montañas abunda el fruto prodigioso
del cafeto; transformado en café anima a los desanimados, motiva a los
trasnochados y ameniza a los conversadores en las mesas de gran parte del
mundo; los caobas y cedros de su selva por casi dos siglos convertidos en
ajuares, muros y balaustradas adornaron los palacetes de la opulencia, aún así
la codicia humana no alcanzó a destruir la selva de los lacandones, fuente de
oxígeno, agua, alimento y vida para todo el mundo.
En el norte, en la costa, en la frailesca, en los valles
centrales, la ganadería genera riqueza varia; en los valles de Cintalapa y
Ocozocoautla la avicultura florece.
En la Frailesca y Jiquipilas el maíz y el frijol; en el
Soconusco el mango, el plátano y el aceite abundan a la economía regional.
Chiapas es reclamo: cómo en esa riqueza somos socialmente pobres,
mucho se ha logrado recientemente, pero falta tanto: darle a Chiapas con qué
haga de esa riqueza natural una riqueza social, justamente repartida que
destruya la desigualdad y la injusticia, que nos haga un pueblo más digno para ser
vivido
Chiapas es grande porque es generoso, hospitalario, lo
enaltece su pueblo, sus mujeres y sus hombres comprometidos con la justicia.
Chiapas es ideario y patriotismo en la lucha liberal de Ángel Albino Corzo o en
el cívico ejemplo de Belisario Domínguez, único héroe a la altura del arte,
héroe no de espada ni de pólvora, sino de la palabra.
Chiapas es arte manifiesta en las manos prodigiosas de las
tejedoras de Zinacantán y las bordadoras de todos los pueblos indígenas, de las
alfareras de Amatenango, en la arquitectura de San Cristóbal, en el arte
plástico de los frescos de Bonampak y de los retablos de los templos, en la voz
de nuestros poetas, es arte en la marimba instrumento musical muy nuestro
creado por el genio de Corazón Borráz y difundido al mundo por la Lira de San
Cristóbal, colocado en la Sinfónica Nacional por el maestro Zeferino Nandayapa
cuyos hijos amenizan hoy con el prodigio de su música.
Chiapas es nuestro, como nuestro es México la patria por la
que decidimos, como nuestro es su himno, su escudo y su bandera y nuestras son
estas fiestas patrias en la que gritamos: Viva México, Viva Chiapas, Viva
Chiapas.

Muchas felicidades al Dr
ResponderEliminarPlácido. Por el completo discurso de nuestra historia. En hora buena